miércoles, 1 de octubre de 2008

Síndrome del corre que te pillo.


Hoy soy Peter Pan, verde y reverde.
Día que pasa, día que sigo creciendo en sentimiento. Ojo, sólo en sentimiento.
¡Qué bonito es sentir! Lo feo es caer...

Volando por la nubes de pronto me encuentro con un pajarillo, hermoso, extraño, enigmático y seductor.
Sus alas se despliegan dejando destellos de luz a su paso. Una luz tornasol sin explicación, que corta el viento y lo deja pasar majestuosamente.
¿Cómo no sentirse atraído por éste?
Lo sigo, vuelo más rápido, me agoto, planeo.
Quiero alcanzarlo, pero huye, pasa entremedio de mis dedos cuando trato de agarrarlo. Es ágil, vivo y audaz. Cada vez lo quiero más.

Paso entre las ramas y el hombro se me engancha en una.
El pajarillo desaparece en el horizonte y yo no puedo desatorarme.
Resignado noto que algo se posa en el hombro atascado.
¡Es él!
Me canta una canción tranquilizadora...
Termina.
El hombro se suelta y el pajarillo sale disparado nuevamente.
Yo también.

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