
Un retrato conmovedor de Santiago, hermosa fotografía y personajes muy
reconocibles.
Imposible no verse reflejado en la pantalla, imposible no querer a estos seres imperfectos que deambulan por una ciudad gris, que se esconde tras máscaras de humo y a veces parece hostil.
La esperanza no se pierde y es por ella que los chilenos nos movemos, haciendo realidad de a poco nuestros sueños, dando pasos grande o cortos, cada uno busca SU propia felicidad. A veces hasta sin importar el pasar a llevar al otro.
La Buena Vida nos habla exactamente de eso, de cómo nos interrelacionamos, comunicamos, amamos, sentimos, lloramos y pedimos más.
La construcción es perfecta, aunque quedamos con ganas de más... algo he escuchado sobre una serie que sacará al aire Andres Wood a través del celular: LA OTRA VIDA ¿Será tal vez una especie de continuación de todas estas historias? Que si bien tienen fuerte carga emocional, no llegan a explotar, precisamente porque así somos los chilenos. Intensos pero no tanto, con personalidad pero no tanto, con capacidad de amar pero no tanto... esa es nuestra Buena Vida, llegar a nuestros límites, tratar de sobrepasarlos y alcanzar la felicidad pero siempre con miedo. Sin mirar al resto, reflejado en un genial personaje de indigente, que de ser anónima pasa a ser NN, dejando igualmente una pequeña lección, triste pero lección.
Buenas actuaciones, otras no tantas, pero no para juzgarlas de mediocres, sino de falta de experiencia con la cámara de cine. Otro lenguaje que requiere mucho más detalles y guiños, más naturalidad y menos acartonamiento. Los segundos son pocos y las expresiones deben ser muchas.
En resumen, La Buena Vida es una película absolutamente recomendable. Un retrato urbano de la capital de Chile, para que el mundo vea como vivimos y que se de cuenta que no estamos tan lejos como muestran los mapas.
Un agrado ver un cine maduro, rico en texto e imágenes.
Ahora también es parte de MI Buena Vida.




